CAPITULO 3
LOS CISNES DEL PARAÍSO
El cisne Kala-Hamsa posado sobre una flor de
loto, flota sobre las aguas puras de vida. Kala-Hamsa, significa: "YO SOY
ÉL" “YO SOY ÉL" “YO SOY ÉL". En otras palabras podemos decir;
"El Espíritu de Dios flota sobre la
haz de las aguas".
La Divinidad alienta sobre el mar de la
Eternidad. Dios está dentro de nosotros mismos, y dentro de nosotros mismos lo
podemos encontrar. Yo soy Él, Yo soy Él. Yo soy Él. .
Dios es Amor. El amor se halla inmanente y
trascendente en cada gota del gran océano. A Dios solo lo podemos encontrar en
el sexo y en el amor. El cisne representa el Amor. El Amor solo se alienta con
amor. El cisne nació para amar.
Cuando uno de la pareja muere, el otro muere de
tristeza
En el Edem los cisnes asisten a la mesa de los
Ángeles. Ellos elaboran dentro de la inmaculada blancura de su buche manjares
inefables que los Dioses beben en sus copas diamantinas. Las combinaciones de
la sustancia infinita son maravillosas. El semen que llevamos en nuestras
glándulas sexuales es la sustancia infinita del gran océano. Las múltiples
combinaciones de esta sustancia infinita se convierten en continentes llenos de
plantas, flores y frutos.
Las múltiples combinaciones de esta sustancia
infinita dan origen a todo lo creado, aves y monstruos, hombres y bestias. Todo
sale de las aguas seminales del Génesis. En esas aguas alienta el amor.
Parsifal rompió su arco lleno de remordimiento después de haber matado al cisne
cerca al castillo de Montsalvat,
El cisne de Leda nos recuerda los encantos del
amor. El cisne del amor hace fecundas las aguas de la vida. El fuego del amor
hace brotar la vida de entre el gran océano. El agua es el habitáculo del
fuego. El fuego sexual dormita entre las aguas puras de vida. El fuego y el
agua unidos en un trance de amor dieron origen a todo el Universo. Dentro de
nuestras aguas seminales alienta el fuego del amor. El fuego del amor hace
fecundas las aguas de la vida. El cisne simboliza el amor. El cisne solo se
alimenta de amor. Cuando uno de la pareja muere, el otro sucumbe de tristeza.
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