CAPITULO 5
LUCIFER
Si vosotros tenéis vuestra lámpara llena de
aceite, el templo estará siempre lleno de luz. Si vosotros derramáis el aceite
de vuestra Lámpara, se apagará el fuego, y os hundiréis entre las profundas
tinieblas exteriores, donde solo se oye el llanto y el crujir de dientes. El
semen es el habitáculo del Fuego. Si derramáis el semen perderéis el fuego, y
os hundiréis en profundas tinieblas. El semen es el aceite de vuestra lámpara.
Si derramáis el semen se apagará vuestra lámpara y os hundiréis entre las tinieblas
de los luciferes. En otros términos, dijo el Señor Jehová: De todos los árboles
del huerto podéis comer, menos del árbol de la ciencia del bien y del mal,
porque él día que de él comiereis moriréis. En el Edem los elementales no
derraman semen. Cuando derramamos el semen queda la Lámpara sin combustible,
entonces se apaga la llama y entramos en las tinieblas de lucifer. El semen es
el combustible de la Lámpara. Ninguna Lámpara puede arder sin combustible.
Donde no hay fuego no hay luz, y reinan entonces las tinieblas.
Desdichado el habitante del Edem que se atreva
a derramar su semen.
Se apagará su lámpara por falta de combustible,
y se hundirá entre las tinieblas de los luciferes. El árbol de la ciencia del
bien y del mal es el sexo. Cuando el hombre comió del fruto prohibido fue
arrojado del Edem. Adam eran todos los hombres del Edem. Eva eran todas las
mujeres del Edem.
En otros términos, cuando Adam y Eva derramaron
el aceite de sus Lámparas, se apagaron estas por falta de aceite y entonces quedaron en profundas tinieblas.
Esa fue la salida del Edem.
El fuego del Espíritu Santo es la serpiente
ígnea de nuestros mágicos poderes.
El fuego del Espíritu Santo es el Kundalini,
fuente de toda vida.
Ese fuego está recluido dentro del semen.
Si derramamos el semen se apagará el fuego y
entraremos en el reino de las tinieblas. Cuando el hombre derramó el semen,
entró en el reino de luciferes. Lucifer es un demonio terriblemente perverso.
Los luciferes son sus legiones que le obedecen y siguen.
La pasión sexual tiene su asiento en los
luciferes. Cuando el hombre se dejó seducir por los luciferes derramó el aceite
de su lámpara y quedó en tinieblas. Entonces salió del Edem por las puertas del
sexo, y entró en el reino de los luciferes, por las puertas del sexo.