Los clarividentes soberbios y orgullosos,
calumnian al prójimo y llenan el mundo de lágrimas. El clarividente tiene que
ser tan sereno como un lago del Nirvana. Entonces sobre ese lago purísimo se
refleja todo el panorama del universo. Sobre las aguas turbias de una mente
llena de razonamientos, orgullos preconceptos, prejuicios sociales, pero
orgullos espirituales, cólera, egoísmo, etc., sólo se reflejan las tenebrosas
imágenes del abismo.
Sobre la superficie de las aguas se reflejan
invertidas las siluetas dé los árboles. Todo maestro de gloria, tiene también
su sombra en el abismo. Cuando el clarividente esta lleno de prejuicios toma la
sombra por la realidad. Así es como los grandes maestros de la Logia Blanca han
sido siempre calumniados por los clarividentes.
El clarividente lleno de pre-conceptos y
prejuicios rechaza los árboles frondosos de la vida, se queda encantado de sus
sombras tenebrosas que se perfilan invertidas como demonios | abismales en el
fondo profundo de las aguas. En el pasado, muchos clarividentes que nos
alababan, más tarde cuando por tal o cual motivo cambiaron de ideas, entonces nos apedrearon, calumniaron y
crucificaron.
Realmente cuando la imaginación se agita con
las tempestades de los razonamientos, se nubla el cielo estrellado del
espíritu. Entonces el clarividente toma
las sombras por la realidad misma.
Los Bodhisattvas clarividentes cuando se caen
resultan peor que los demonios. El Bodhisattva clarividente caído, se cree
omnipotente y poderoso, se envanece. Confunde las cosas, toma las sombras por
la realidad misma. Calumnia a los grandes maestros.
Daña hogares, dice lo que no sabe, explica con
autoridad lo que no entiende, no acepta jamás su posición de Bodhisattva caído
y llega a creerse superior a su maestro.
La disciplina esotérica es muy severa. El
clarividente no debe andar contando a los demás sus visiones porque pierde sus
poderes.