miércoles, 26 de febrero de 2014

CAPITULO 15

CAPITULO 15



Los clarividentes soberbios y orgullosos, calumnian al prójimo y llenan el mundo de lágrimas. El clarividente tiene que ser tan sereno como un lago del Nirvana. Entonces sobre ese lago purísimo se refleja todo el panorama del universo. Sobre las aguas turbias de una mente llena de razonamientos, orgullos preconceptos, prejuicios sociales, pero orgullos espirituales, cólera, egoísmo, etc., sólo se reflejan las tenebrosas imágenes del abismo.               

Sobre la superficie de las aguas se reflejan invertidas las siluetas dé los árboles. Todo maestro de gloria, tiene también su sombra en el abismo. Cuando el clarividente esta lleno de prejuicios toma la sombra por la realidad. Así es como los grandes maestros de la Logia Blanca han sido siempre calumniados por los clarividentes.

El clarividente lleno de pre-conceptos y prejuicios rechaza los árboles frondosos de la vida, se queda encantado de sus sombras tenebrosas que se perfilan invertidas como demonios | abismales en el fondo profundo de las aguas. En el pasado, muchos clarividentes que nos alababan, más tarde cuando por tal o cual motivo cambiaron de  ideas, entonces nos apedrearon, calumniaron y crucificaron.

Realmente cuando la imaginación se agita con las tempestades de los razonamientos, se nubla el cielo estrellado del espíritu. Entonces  el clarividente toma las sombras por la realidad  misma.

Los Bodhisattvas clarividentes cuando se caen resultan peor que los demonios. El Bodhisattva clarividente caído, se cree omnipotente y poderoso, se envanece. Confunde las cosas, toma las sombras por la realidad misma. Calumnia a los grandes maestros.

Daña hogares, dice lo que no sabe, explica con autoridad lo que no entiende, no acepta jamás su posición de Bodhisattva caído y llega a creerse superior a su maestro.

La disciplina esotérica es muy severa. El clarividente no debe andar contando a los demás sus visiones porque pierde sus poderes.

El clarividente debe ser humilde, sereno, obediente, manso, casto, respetuoso y moderado en la palabra. Puro en el pensamiento en la palabra y en las obras. El clarividente debe ser como un niño.
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