CAPITULO 33
ORÍGENES DEL YO HUMANO
El yo humano es una larva monstruosa que sé
comenzó a formar cuando salimos del Edem. Primero el yo se convierte en el
hombre vulgar de la tierra: Luego el yo se manifiesta como hombre culto e
intelectual y luego el último esfuerzo que hace el yo para subsistir es
declarándose maestro y goza cuando se lo dicen. El yo goza desnudándose como
una ramera para mostrar sus formas, sus cualidades y sus poderes Divinos a los
demás. Entonces se convierte en profeta y exhibe sus poderes y virtudes para
que otros lo veneren.
El yo se reviste con la túnica de Aristipo; es
humilde mientras no le toquen la llaga, cuando se la tocan reacciona lleno de
sublime ira.
El yo goza hablando de sus libros y de sus
maravillosas obras, ese es su orgullo inefable, además se disfraza de santo y
de mártir, se declara maestro y hasta Ángel.
En la noche de los siglos el yo fue sencillo,
pero a través de los siglos se fue volviendo más y más complicado y difícil; A
este proceso de complicación lo llaman algunos evolución y progreso. En
realidad esto no es evolución sino complicación y robustecimiento de esa larva
horrible llamada yo. El yo sufre innumerables y sutiles transformaciones; a
veces parece un demonio, a veces un niño Dios.
En síntesis, podemos asegurar que el yo pasa
por tres etapas sucesivas de complicación la primera es el hombre común de la
tierra; La segunda es el hombre culto o educado que desarrolla el intelecto y
la tercera, los selectos o escogidos que residen en lo más alto; Esta tercera
fase es la más peligrosa. Al llegar a esta tercera fase el yo se vuelve muy
sutil y peligroso, se transforma entonces en un yo angélico y divino; Toma le
actitud de un Ángel y quiere que todos le reconozcan sus méritos. El yo Ángel
es más sutilmente peligroso que el yo hombre. Cuando el yo entra a la casa de
los muertos, se desintegra. Los Dioses que quieran entrar el Absoluto tienen
que matar al yo, tienen que ingresar a la casa de lo« muertos. No nos hagamos
pues, muchos maestros, maestro sólo es el Cristo interno.
Un auténtico Gurú no lo anda diciendo. El Gurú
verdadero es el Cristo interno. Un verdadero maestro pasa anónimo y desconocido
por todas partes, no exhibe sus obras ni sus poderes, y está lleno de modestia.
Un verdadero maestro es ante todo un correcto ciudadano. El verdadero maestro
nunca es intelectual, el intelecto es una
función animal del yo hombre. El verdadero maestro es como un niño,
puro, santo, simple y sencillo. El verdadero maestro es el Cristo interno que
alumbra a todo hombre que viene al mundo.
Después de la muerte el alma se desviste de los
cuerpos astral y mental a través de sucesivos periodos de evolución interna.
Entonces el alma se sumerge entre la dicha inefable del infinito, donde
resuenan las maravillosas armonías del fuego. Desgraciadamente en el umbral del
misterio, el yo permanece aguardándonos para una nueva reencarnación. En el yo
están las raíces del mal y del dolor.
Cuando ya está para morir el yo nace el Ser
lleno de gloria y de majestad.
En cada iniciación muere algo en nosotros y
nace algo en nosotros.
Así el yo va muriendo poco a poco, así el Ser
va naciendo poco a poco, por eso a la iniciación se le llama nacimiento. La
naturaleza no hace saltos. Es necesario que muera el yo hombre para que nazca
el Ser en nosotros. Es urgente que el Ser reciba su corona, que es él resplandeciente
y luminoso Yo Soy.
"Se fiel hasta la muerte y yo te daré la
corona de la vida".
Después de recibir la Corona de la Vida, el yo
se metamorfosea en Deidad, entonces este divino yo peligroso ingresa
internamente en la casa de los muertos y poco a poco se va desintegrando
definitivamente; "La casa de los muertos" es una escuela interna
donde el yo va muriendo poco a poco.