miércoles, 26 de febrero de 2014

CAPITULO 17

CAPITULO 17


Es realmente terrible la disciplina esotérica. Hay fanáticos acuarianistas, teósofos, etc., que cometen con la mente los más horribles delitos. Si sospechan mal de alguien, le echan cínicamente el muerto al Intimo. Calumnian a las personas y dicen: el Intimo me lo dice todo. Sienten ira y entonces exclaman, ¡yo no tengo ira! Lo que siento son impulsos intuitivos del Intimo. Toda mala idea, todo mal pensamiento se lo atribuyen a su Dios interno. Esas gentes confunden la intuición con la malicia, la voz del Silencio con la voz de Satán. Nosotros decimos: la voz del Silencio nunca dice atrocidades. Ella es perfecta. La voz de satán solo dice perversidades. En el abismo los magos negros toman la figura de nuestros amigos, y dicen y hacen cosas horribles delante del iniciado. Si el iniciado se deja engañar de esos tenebrosos, entonces se convierte en calumniador de los demás. La calumnia es peor que el robo.

Los iniciados calumniadores se hunden en el abismo. Los iniciados calumniadores pierden sus grados y sus iniciaciones, es decir se caen.        

Los iniciados que en remotas edades fueron demonios del abismo resultan ahora maravillosos, esos ya no se dejan engañar por los  tenebrosos, conocen a la maravilla a los demonios. A esa clase de iniciados no puede engañarlos ningún tenebroso, saben lo que es el abismo. Son expertos, profundos en ese ramo. Conocen muy bien el árbol de la ciencia, del bien y del mal. Los Iniciados que no conocieron el abismo en los antiguos tiempos, resultan ahora victimas ingenuas de los tenebrosos. Esa clase de iniciados son fácilmente engañados por los tenebrosos. Esos iniciados se convierten en calumniadores del prójimo. Esos iniciados vociferan contra los demás y se caen en el abismo. Para ser DIOSES hay que conocer totalmente el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.
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