Es realmente terrible la disciplina esotérica.
Hay fanáticos acuarianistas, teósofos, etc., que cometen con la mente los más
horribles delitos. Si sospechan mal de alguien, le echan cínicamente el muerto
al Intimo. Calumnian a las personas y dicen: el Intimo me lo dice todo. Sienten
ira y entonces exclaman, ¡yo no tengo ira! Lo que siento son impulsos
intuitivos del Intimo. Toda mala idea, todo mal pensamiento se lo atribuyen a
su Dios interno. Esas gentes confunden la intuición con la malicia, la voz del
Silencio con la voz de Satán. Nosotros decimos: la voz del Silencio nunca dice
atrocidades. Ella es perfecta. La voz de satán solo dice perversidades. En el
abismo los magos negros toman la figura de nuestros amigos, y dicen y hacen
cosas horribles delante del iniciado. Si el iniciado se deja engañar de esos
tenebrosos, entonces se convierte en calumniador de los demás. La calumnia es
peor que el robo.
Los iniciados calumniadores se hunden en el
abismo. Los iniciados calumniadores pierden sus grados y sus iniciaciones, es
decir se caen.
Los iniciados que en remotas edades fueron
demonios del abismo resultan ahora maravillosos, esos ya no se dejan engañar
por los tenebrosos, conocen a la
maravilla a los demonios. A esa clase de iniciados no puede engañarlos ningún
tenebroso, saben lo que es el abismo. Son expertos, profundos en ese ramo.
Conocen muy bien el árbol de la ciencia, del bien y del mal. Los Iniciados que
no conocieron el abismo en los antiguos tiempos, resultan ahora victimas
ingenuas de los tenebrosos. Esa clase de iniciados son fácilmente engañados por
los tenebrosos. Esos iniciados se convierten en calumniadores del prójimo. Esos
iniciados vociferan contra los demás y se caen en el abismo. Para ser DIOSES
hay que conocer totalmente el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.
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