CAPITULO 45
EL BAUTISMO DE JESÚS
El Buddha Jesús estaba lleno de majestad, lo
único que le faltaba era la coronación. Jesús se encaminó al Jordán, allí
moraba Juan, tenia su templo y en él oficiaba: Juan es un gran maestro de la
Logia Blanca. En la puerta del templo, Juan puso una inscripción que decía:
"se prohíben las danzas profanas". Juan era un hombre de mediana
estatura, venerable anciano de barba blanca; cuando oficiaba se revestía dentro
del templo con su regia túnica sacerdotal.
Fuera del templo vestía sencillamente
envolviendo su cuerpo en una piel de camello, y así semidesnudo, este venerable
anciano estaba lleno de majestad y todos lo respetaban. Su cuerpo lleno de
músculos fuertes y amplia frente reflejaba la majestad de su resplandeciente
Ser. Juan tenía que vivir hasta la llegada del Mesías. Juan tenia que ser el
gran iniciador del Buddha Jesús, así estaba escrito en los libros del destino.
Jesús entró al templo y Juan le ordenó quitarse las vestiduras; Juan estaba
revestido con su túnica sacerdotal; Jesús desnudo solo cubrió sus órganos
sexuales con un paño blanco, luego salió del vestíbulo y entró en el santuario.
Juan ungió con aceite puro al Señor y echó agua sobre su cabeza. En esos
instantes tres estrellas resplandecieron internamente en el cielo del Espíritu:
la tercera estrella era roja como fuego vivo; entonces descendió del cielo el
Espíritu de sabiduría.
Ese fue el instante supremo; el Espíritu de
Sabiduría entró en Jesús por la glándula pineal. El Padre no entró en esos
instantes dentro del cuerpo de Jesús, solamente asistió en su regio carro de
fuego, visible solo para los ojos del Espíritu; así fue la coronación del
Buddha Jesús. El Apocalipsis dice: "Sé fiel hasta la muerte y yo te daré
la Corona de la vida": Jesús fue fiel y así recibió la Corona de la Vida,
que es el hálito eterno para sí mismo ignoto, un hábito del absoluto en
nosotros, aquel rayo puro de cada hombre de donde emanó el Intimo mismo; el
hilo átmico de los indostaníes; nuestro Yo Soy. “Al que sabe, la palabra da
poder, nadie la pronunció, nadie la pronunciará sino aquel que lo tiene
encarnado". Él lo encarnó en el bautismo.
"En el principio era el Verbo, y el Verbo
era Dios y el Verbo era con Dios";
"Este era en el principio con Dios"; 'Todas las cosas por él fueron
hechas; y sin Él nada de lo que es hecho fue hecho"; "Y la Luz en las
tinieblas resplandece más las tinieblas no la conocieron".
Los orientales llaman al Cristo Cósmico el
Christos; los egipcios lo llamaban Osiris; los Indos Visnú; los tibetanos Kuan
Yin La Voz Melodiosa; el ejército de la Voz; el gran aliento, el Sol central;
el Logos solar; el Verbo de Dios.
Después del bautismo Gnóstico resplandeció el
Cristo en Jesús lleno de gloria, con Luz blanca inmaculada, divina, radiante
como el sol.
Así fue como Jesús encarnó a su resplandeciente
y luminoso Yo Soy. Desde ese instante el Buddha-Jesús se llamó Jesu-Cristo.
"Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó
entre nosotros, lleno de gracia y de verdad". "Aquel era la Luz
verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo".
En el no existen diferencias jerárquicas, en El
todos somos Uno. "Juan dio testimonio de Él, y clamó diciendo: Este es del
que yo decía: el que viene tras de mí, es antes de mí; porque es primero, que
yo.
"Porque de su plenitud tomamos todos, y
gracia por gracia".
Todo aquel que encarne a su Cristo interno será
también ÉL.
En el pasado varios lo encarnaron, en el futuro
muchos lo encarnarán. Nadie puede recibir la Corona de la Vida sin haber
levantado sus 7 serpientes sobre la vara. Todo aquel que dice: Yo recibí la
Corona de la Vida, miente; el que la recibe no lo dice, solo se conoce por sus
obras; la Corona de la Vida es un secreto terrible.
Tenemos que convertimos en moradas del Señor
"y como Moisés levantó la serpiente sobre la vara en el desierto, así es
necesario que el hijo del hombre sea levantado". Tenemos que encarnar a
Cristo en nosotros para subir al Padre. Cristo no es un individuo, es el
ejército de la voz. El Verbo de Dios. Nadie llega al Padre sino por el Hijo; en
el Cristo todos somos UNO. En el Señor no existen diferencias entre hombre y
hombre, porque en Él todos somos UNO. En El no existe la individualidad; el que
lo encarne es entonces ÉL. ÉL. ÉL. "La variedad es unidad".
Tenemos que acabar con la personalidad y con el
yo para que nazca el Ser en nosotros; Tenemos que acabar con la individualidad.
Si un místico en éxtasis abandona todos sus 7
cuerpos para investigar la vida del Cristo, entonces se verá a sí mismo
representado en el drama de la pasión del Señor, haciendo milagros y
maravillas, se verá muerto y resucitado al tercer día, ocupará ese místico el
puesto de Cristo y en esos instantes será ÉL. ÉL. ÉL. Porque en el mundo del
Cristo no existen individuos; en el Cristo solo existe un solo Ser, que se
expresa como muchos. Al terminar con el yo y con la individualidad, solo quedan
los valores de la conciencia, que son los atributos del eterno espacio
abstracto absoluto. Solo El puede decir "Yo Soy el camino, la verdad y la
vida". Yo Soy la luz. Yo Soy la vida. Yo Soy el buen pastor. Yo Soy la
puerta. Yo Soy el pan. Yo Soy la resurrección. El Ser recibe al Ser de su Ser,
el Yo Soy, aquel hálito del gran Aliento en cada uno de nosotros, nuestro rayo
particular. ÉL. ÉL. ÉL. El Yo Soy es el Cristo interno de todo hombre, nuestro
divino "AUGOIDES", el Logos. El que recibe la Corona de la Vida tiene
derecho a decir, Yo Soy EL, Yo Soy EL, Yo Soy EL.
A los teósofos les decimos que EL no es la
Mónada, pero que de ÉL sale la Mónada; ÉL es nuestro rayo particular, ese rayo
es una tríada perfecta, solo Él nos liberta de la ley del karma. ÉL es el rayo
Logoico de cada hombre. El fin de la Ley es Cristo.
La ley del karma es tan solo la madrastra, el
curandero que nos sana, eso es todo. En Cristo somos libres; Cristo es El
Logos, El Verbo; Él nos hace reyes y sacerdotes libres y poderosos. El que
recibe la Corona de la Vida se liberta de la ley del karma.
ÉL es el ejército de la voz, nuestro
resplandeciente Dragón de sabiduría. Él es la Corona de la Vida, la FE, el
Verbo, la Corona de la Justicia, el Cristo. En la ley somos esclavos, en el
Cristo todos somos libres porque el fin de la ley del karma es el Cristo.
"Se fiel hasta la muerte y yo te daré la
Corona de la Vida". Los atributos del eterno Yo Soy es el Ejercito de la
Voz. Abandonad todas vuestras idolatrías, religiones, escuelas, sectas, órdenes
y logias, buscad vuestro resplandeciente y luminoso Yo Soy que mora en lo hondo
de vuestro Ser. Él es vuestro único Salvador.
Cristo es el Ejército de la Voz, que es el Ser
único; el Ser de todos los Seres; la suma total de todos los atributos del
eterno espacio abstracto absoluto; el Cristo cósmico total, impersonal,
universal, infinito... Cristo es una unidad múltiple. La Luz vino a las
tinieblas pero las tinieblas no lo conocieron.