CAPITULO 62
SANTUARIOS GNÓSTICOS
Todo gnóstico puede formar su
Santuario en su casa; una mesa, pan y vino de uva; se encienden tres lumbres
sobre el altar.
Un caballero hará el oficio de sacerdote y otro
el oficio de Monaguillo, al terminar la ceremonia se hace la cadena mágica así:
los asistentes en forma de rueda, se toman por las manos, las palmas de la mano izquierda estarán hacia arriba
recibiendo y las palmas de las manos derechas hacia abajo en actitud de dar
fuerza al hermano, la izquierda recibe, la derecha da. Las fuerzas ocultas
circularán por esta cadena y luego se irradiaran diciendo: que todos los
seres sean felices, que todos los seres sean dichosos, que todos, los
seres sean en paz; luego se entona el mantram AOM, abriendo la boca
con la M, redondeándola con la O y cerrándola con la M, hay que alargar el
sonido de cada letra; Este ritual gnóstico era celebrado por los apóstoles de
Jesús, este ritual es un trabajo de alta magia ceremonial, al realizarlo se
verifica simultáneamente en todos los siete planos de conciencia cósmica; las
fuerzas del Cristo cósmico descienden y se acumulan en el pan y el vino. Cuando
los devotos comen el pan y el vino llevan a su organismo y a sus cuerpos
internos los átomos Crísticos, con los cuales se despiertan nuestros mágicos
poderes; Este rito fue verificado por Jesús en la ultima cena en casa de José
de Arimatea.
Este rito fue verificado por los gnósticos en
las catacumbas de Roma en tiempos de Nerón; esta es la verdadera y legitima
misa del Cristo Jesús que estuvo oculta durante 28 siglos. “Y estando ellos
comiendo, tomó Jesús el pan y bendiciendo lo partió y les dio, y dijo: tomad,
este es mi cuerpo"; "Y tomando el vaso habiendo hecho gracias les
dio; y bebieron de él todos" "Y les dice, esto es mi sangre, del
nuevo pacto, que por muchos será derramada"; (vers. 22, 23, 21, cap. 14
Marcos)
MISA GNÓSTICA.
Me acerco al altar de Dios, que edifica la
mente y enciende el esplendor de una eterna Juventud.
El sacerdote en el altar, vuelto hacia los
fieles, expresa:
Crestos sea con vosotros.
Acólito:
Él ilumine tu espíritu.
El sacerdote vuelto hacia el altar:
"Ven, oh santa palabra... Ven, oh nombre
sagrado de la fuerza Crestos... Ven, oh
energía sublime... Ven, oh misericordia divina... Ven suprema deidad del
Altísimo.
El sacerdote de frente hacia los fieles,
describe una cruz sobre la frente, otra sobre el pecho y finalmente un circulo
de izquierda a derecha comenzando en el centro de la frente, siguiendo por el
hombro izquierdo a corazón y volviendo por el derecho a ser cerrado en el mismo
lugar del comienzo.
Exclama:
Crestos sea con vosotros.
Acólito: Él ilumine tu espíritu.
Sacerdote de cara al altar
Ven, tú que descubres el velo del
misterio. Ven, tú madre de los 7 centros que descansas en la armonía de la
octava. Ven, tú que eras antes de que fueran los cinco sentidos. Espíritu,
mente, sentimiento y razón deja que participemos de tu santa gracia, nosotros
los nacidos más tarde. Ven, santo aliento, inmaculado soplo y purifica mis
glándulas internas donde el ritmo de mi vida existe. Ven, y encamina mi corazón
desorientado para que los puros sentimientos míos broten de esa santa fuente.
Sacerdote vuelto hacia los fieles:
Crestos sea con vosotros.
(Acólito):
Él ilumine tu espíritu
Sacerdote:
Escuchad gran seidad, padre de todo lo creado,
Luz divina; Tú, redentor nuestro: perdona cuantos errores hemos cometido y los
de aquellos que nos escuchan visible o invisiblemente, para que podamos todos
participar del reino de la justicia y de estar contigo en la inmensidad de la
Luz. Bendice y da poder a todos cuantos nos siguen, pues cumplen la ley.
Escuchad, Oh Ángeles: ayudadme, padre de todo lo creado, causa infinita de todo
cuanto existe y dad vida a este pueblo. A cuanto nos siguen asístelos y presta
a todos el apoyo necesario en todas las ocasiones, de la vida, para que se
hagan merecedores de tu santa gracia. Nosotros conocemos tu poder y yo te
conjuro. Ven, Ven, Ven. Perdona tú todos nuestros errores, alivia todos
nuestros males. Dadnos una señal aquí o
en los días venideros.
El sacerdote avanza un paso y dice:
Escucho vuestros testimonios.
Viene una pausa durante la cual en alta voz los
beneficiados, los curados, relatan sus experiencias en frases sencillas.
Después de haber escuchado a todos, el sacerdote se coloca otra vez en el altar
y dice:
Alegraos, nuestros errores están perdonados. El
poder supremo está con nosotros.
Todos responden: Amén, Amén, Amén.
(Esta práctica se puede intercalar después de
la plática, cuando hay fiesta mayor)
El Santo Sacrificio.
El sacerdote se retira al altar de la derecha y
lee los siguientes trozos de las sagradas escrituras:
...Y Jesús, el Divino gran sacerdote Gnóstico,
entonó un dulce cántico en loor del gran nombre y dijo a sus discípulos: Venid
hacia mí. Y ellos así lo hicieron. Entonces se dirigió a los 4 puntos
cardinales, extendió su quieta mirada y pronunció el nombre profundamente
sagrado LEW, y les sopló en los ojos. Mirad hacia arriba exclamó: ya sois
clarividentes. Ellos entonces levantaron la mirada hacia donde Jesús les señaló
y vieron una gran Cruz que ningún ser humano podría describir. Y el gran
sacerdote dijo: Apartad la vista de esa gran Luz y mirad hacia el otra lado.
Entonces vieron un gran fuego, y vino y sangre.
Aquí la bendición del pan y el vino.
Y continuó: En verdad os digo que no he traído
nada al mundo sino el Fuego, el Agua y la Sangre de redención. He traído el
Fuego y el Agua del lugar de la Luz, de allí donde la Luz se encuentra.. Y he
traído el vino y la sangre de la morada de Barbelos. Después de pasado algún
tiempo el Padre me ha enviado el Espíritu Santo en forma de blanca paloma, pero
oíd: el Fuego, el Agua y el Vino, son para la purificación y perdón de los pecados.
La Sangre me fue dada solo como símbolo del cuerpo humano, el que recibí en la
morada de Barbelos de la gran fuerza del Dios universal. El Espíritu Santo como
en mí, desciende a todos, y a todos ha de llevarlos al supremo lugar de Luz.
Por eso os he dicho que he venido a traer fuego a la tierra, que es lo mismo
que descender para redimir los pecados del mundo mediante el Fuego. Y por eso
Jesús repitió: si supierais y conocierais la gran dadiva de Dios; si
percibieseis quien es el que os habla y os dice: dadme de beber, me rogaríais
que os diera de la fuente eterna que es manantial de dulce ambrosia y os
convirtierais en la misma fuente de vida. Y tomó el cáliz, lo bendijo y se lo
ofreció a todos, diciendo:
el sacerdote se dirige al altar mayor, eleva el
cáliz en la mano izquierda y lo exhibe
Esta es mi Sangre de la alianza que se vertió
por vosotros para redimiros del pecado y por eso se introdujo la lanza en mi
costado para que de mi herida brotara sangre y agua.
El sacerdote torna al lado derecho y lo pone en
la mano derecha.
Y el gran sacerdote Jesús dijo a los
suyos traedme fuego, y ramas de vid. Y así lo hicieron. Colocó entonces el
sacrificio sobre el altar y una fuente de vino a su lado, una a la derecha y
otra a su izquierda; una fuente de agua ante el vino.
Pone el cáliz sobre la mesa y levantando la
mano derecha dice:
Y puso pan según los que le escuchaban y el
gran sacerdote Jesús se mantuvo vestido con vestiduras blancas, al que imitaron
los apóstoles.
Toma el cáliz, va al altar mayor y dice vuelto
a la concurrencia:
Y en vuestras manos os digo que está el numero
del nombre del Padre, que es la fuente de Luz.
Todos se arrodillan, el sacerdote alza las
manos en actitud suplicante y exclama
Escuchad gran seidad, padre de todo lo creado,
Luz divina, I. A. O.
Todos responden: Amén.
Sacerdote: Crestos sea con vosotros
Acolito: Él ilumine tu Espíritu.
Regresando al altar:
Ven, santo querer, divina esencia volitiva y
transforma mi voluntad haciéndola una con la tuya. Ven, supremo poder y
desciende sobre aquellos que conocen el misterio. Ven, valor excelso y dame la
templanza y fuerza que se necesita para penetrarla. Ven, santo silencio, que
hablas del poder y de la magnitud que él encierra y revélame lo oculto... Ven,
y descúbreme el misterio... Desciende, santa paloma de albo plumaje sobre
nosotros, tú eres la madre de los gemelos. Acude madre mística, que solo te
manifiestas en nuestras obras. Acércate santa alegría de los cielos y posa
sobre nuestras cabezas. Tú llevas la hebra de oro que a todos nos alcanza.
Aliéntanos a los que participamos en este sacrificio de la eucaristía,
celebrado en esta santa remembranza tuya, para purificarnos y fortalecernos.
Ayúdanos a recibir la Luz, tú que ahora nos has llamado hacia los fieles.
Crestos sea con vosotros.
Acolito: Él ilumine tu espíritu.
Todos de pie, el sacerdote dice:
Creo en la unidad de Dios, en el Padre como
entidad impersonal, inefable e irrevelado, que nadie ha visto, pero cuya
fuerza, potencia creatriz, ha sido y es plasmada en el ritmo perenne de la
creación. Yo creo en María, Maya, Isis, o bajo el nombre que sea, en la fuerza
física simbolizando a la naturaleza cuya concepción y alumbramiento revela la
fertilidad de la naturaleza.
Acólito:
Yo creo
en el misterio del Bafometo y del Demiurgo (espíritu entre Dios y la
criatura)
Sacerdote:
Yo creo en una iglesia trascendida, superior,
mantenida en las almas puras, en la jerarquía blanca, representada por la
Fraternidad Blanca, y que tiene su exponente en la Santa Iglesia Gnóstica,
dirigida por Patriarcas, Apóstoles, Obispos y Sacerdotes.
Acólito:
Nuestra ley es amor, vida, libertad y triunfo.
Sacerdote:
Nuestro lema divisa es: THE LE MA.
Creo en la comunidad de las almas purificadas,
así es como el pan se transforma en sustancia espiritual. Creo en el bautismo
de la sabiduría, la cual realiza el milagro da hacernos humanos. Yo conozco y
reconozco la esencialidad de mi vida, trascendida como la totalidad sin fin
cronológico que abarca la órbita fuera del tiempo y del espacio.
Todos: Así sea.
El sacerdote va al pulpito o al altar lateral y
predica los misterios gnósticos. Después del sermón vuelve al altar y frete a
la Cruz pronuncia:
Llenos de júbilo y desbordantes de fe, venimos
a ti ¡oh cruz!, ¡Oh rosa santa, santa y divina. Tú que das el bálsamo para cada
llaga y alientas el fuego que enciende la vida. Tú, que das la vida, me ofreces
la cruz que yo reconozco como la mía propia. Yo sé de tu misterio, del sagrado
misterio que te envuelve, pues fuiste donada al mundo para hacer infinitas las
cosas limitadas. Tu cabeza se yergue majestuosa hasta tocar el cielo para que
seas el símbolo del Logos Divino. Para que presida en tu estructura la
intersección del madero atravesado que forma tus dos brazos, como dos manos
ingentes, que se extienden para ahuyentar las fuerzas siniestras y los poderes
inferiores. Para unir en una iglesia de santa fraternidad a todos los seres
humanos de puro y noble corazón. Tu pie, como una lanza, está clavado en tierra
para que puedas redimir, para que ayudes en tu impulso volitivo a todas las
entidades que moran bajo el suelo, en las regiones inferiores del mundo, y que
a través de múltiples encarnaciones puedan llegar a la divinidad para estar
reunidas eternamente en ti. ¡Oh cruz!, Belleza inmaculada, que eres trofeo de
la victoria del Crestos. Que eres imán de vida. Que ofreces la vida con tu árbol santo. Que extiendes tus raíces
como dedos gigantescos por la hondura del suelo para donar tu fruto en los
cielos infinitos. ¡Oh tú!, Cruz venerable, que eres la santa dadiva del dulce
nombre como vid que florece en el jardín del Señor. ¡Oh tú!. Luz, rosa divina
en la cruz, que das tu fuerza y tu sagrado poder a los que han merecido en la
dura batalla y los conduces por la mística escala que está desde la tierra al
Cielo, de la materia al Espirita. ¡Oh cruz!, Santa y bendita en ti está latente
la redención y bajo tu potestad y Luz excelsa nos cobijamos todos para hacer la
oferta de este santo sacrificio de la unción eucarística.
Ahora un instante de meditación mientras el
sacerdote, diáconos y fieles están de rodillas, luego el sacerdote de pie
ofrece a los que hayan de participar de la eucaristía, primero el pan diciendo:
Este es mi cuerpo, recíbelo para tu redención.
Esto se repite con cada uno, al tiempo que toma
el cáliz con jugo de uvas o vino sin alcohol y lo ofrece diciendo a cada uno:
Esta es mi sangre, recíbela que ha sido
derramada, para redimir al mundo.
El sacerdote pondrá la mano derecha sobre la
cabeza de cada uno y dice:
Que la paz sea contigo para que participes de
la Luz.
Estando todos de rodillas el sacerdote levanta
las manos en actitud de bendecir y dice:
Recibid el signo de la cruz sobre vuestros cuellos
y sobre vuestros labios para que seáis herederos de la Luz.
Todos levantan la mano derecha y el
sacerdote entona el mantram
I.A.O
I.A.O I.A.O.
Luego cruza las manos sobre el pecho y los
asistentes cantan el tedeum laudamus:
SANTO, SANTO, SANTO, SEÑOR DE SABAOT
SANTO, SANTO, SANTO, SEÑOR DE SABAOT
SANTO, SANTO, SANTO, SEÑOR DE SABAOT
El sacerdote da la bendición
Aaronica, finaliza el acto con la cadena
Lavatorio. El jueves santo de cada año el sacerdote de
cada santuario lavará los pies de 12 discípulos; el lavatorio pertenece al
chacra prostático, (la Iglesia de Esmirna) nadie podrá llegar al monte de la
Transfiguración, sin haber pasado por el lavatorio: En las líneas de los pies
están escritas nuestras pasadas reencarnaciones.
El Cristo nos lava los pies con las aguas seminales.
El chacra prostático ejerce control sobre las vesículas seminales; El lavatorio
simboliza lavar, desintegrar las maldades y lacras del pasado, con él quedamos
limpios y puros esto naturalmente representa la santificación o Cristificación
total, más tarde viene la transfiguración y entonces el cuerpo astral
resplandece de gloria: Estos son los misterios de la tercera iniciación de los
misterios de la fe.