CAPITULO 2
Las discusiones y las polémicas han acabado con
muchas escuelas espiritualistas. Cuando dos individuos discuten, lo que tienen
es orgullo y soberbia en la mente, ambos quieren demostrar su consabida
superioridad a su interlocutor, ambos tienen a satán entronizado en la mente.
Nosotros debemos siempre dar respetuosamente nuestro concepto y dejar a nuestro
interlocutor la libertad para aceptar o rechazar nuestro concepto. Cada cual es
libre de pensar como quiera y nosotros no podemos ejercer coacción sobre la
mente ajena, porque eso sería magia negra. La discusión intelectual es
luciferica y demoníaca.
Necesitamos tener mente de niño para poder
entrar en los misterios mayores. Necesitamos ser niños en la mente y el
corazón.
Necesitamos ser perfectos, como nuestro padre
que esta en los cielos es perfecto. A los grandes misterios no se llega con
intelectualismos vanos; a los misterios mayores se llega con corazón de niño.
Hemos conocido grandes maestros de la Logia Blanca totalmente analfabetas.
Otro peligro que asalta a los devotos del
sendero, es la envidia.
Aquellos que se llenan de envidia por el
progreso de los demás, se convierten en "judas" que venden a sus
instructores por treinta monedas de plata. En las escuelas y logias
espiritualistas los envidiosos miran el reloj y tocan la campana para sabotear
la palabra de los buenos oradores y sus enseñanzas. Así es como el delito se
esconde entre el incienso de la plegaria.
En cierta ocasión nos dijo el venerable maestro
Morya: "unirse con el Intimo es algo muy difícil", "eso es muy
trabajoso", "de dos que intentan unirse con el Intimo tan sólo uno lo
consigue", "porque como dijo el poeta, Guillermo Valencia, el delito
se esconde entre las mismas cadencias".
Realmente tenía razón el maestro Morya; el
delito se viste de santo. El delito se viste de mártir. El delito se viste de
apóstol, etc.
Por eso es que es tan difícil llegar a la unión
con el Intimo.
Esto es la senda del filo de la navaja.
Nuestros discípulos deben sumar sus defectos y
luego dedicarle dos meses a cada defecto, en orden sucesivo; así acabaran con
todos sus defectos.
Aquel que quiera acabar con todos sus defectos
al mismo tiempo no acabará con ninguno.
Esta senda es muy difícil. Ya lo dijo el
Cristo.
"De mil que me buscan uno me encuentra. De
mil que me encuentran uno me sigue. De mil que me siguen uno es mío”.