CAPITULO 35
EL PRIMER GRAN NACIMIENTO DEL CRISTO JESÚS
La primera gran iniciación de Jesús fue tan
natural y sencilla como el nacimiento humilde e inocente de una flor de loto.
El Bodhisattva Jesús no codiciaba iniciaciones, ni poderes, ni títulos, ni
grados, ni jerarquías, ni maestrazgos, ni posiciones sociales, ni divinas, ni
reinos, ni oro, ni plata. Siendo mas que todos los Ángeles, Arcángeles,
Serafines, potestades, etc., prefirió ser únicamente un buen hombre.
Alguien dijo: "Más vale ser un buen hombre
que un mal Ángel”
En sus formas mas complicadas el yo se vuelve
sutilmente codicioso, ya no codicia títulos de nobleza, pero codicia títulos
divinos, quiere que todos lo llamen maestro, quiere títulos jerárquicos y
esotéricos, y pierde larguísimas eternidades infinitas enredado entre el karma
de los mundos, ya no codicia oro ni plata, pero codicia poderes ocultos. Ya no
codicia honores y grandezas pero si iniciaciones y grados. Ya no codicia
señoríos ni reinos terrenales, pero codicia reinos internos, señoríos y
majestades en los mundos superiores, goza gobernando paraísos y aunque os
parezca increíble llega hasta a sentirse celoso de su propia jerarquía divina y
se convierte en tentador inefable. Goza gobernando mundos y soles, y
ofrece sus edenes a los Bodhisattvas de
compasión. Ya no quiere descansar en mullidos lechos y en cómodas mansiones
terrenales, pero si anhela descansar en la dicha inefable del nirvana, a estos
seres no les gusta el camino estrecho, duro y difícil. Goza en descansos
nirvánicos, celestiales, mientras la pobre humanidad sufre y llora; y nos
ofrecen sus paraísos seductores para impedimos la entrada en el Absoluto.
En verdad os digo amados discípulos que es
mejor renunciar a la dicha del nirvana para seguir la senda del deber largo y
amargo.
El deber nos lleva directo al Absoluto, esto es
mejor que la dicha del nirvana, no nos dejemos caer en esas divinas tentaciones
nirvánicas.
El Bodhisattva que renuncia a las tentaciones
nirvánicas, a los reinos planetarios que le ofrecen los Dios tentadores y
renuncia al nirvana (dicha celestial) por amor a la humanidad, es confirmado
tres veces honrado y después de eternidades se gana el derecho de entrar al
Absoluto: El Absoluto es la vida libre en su movimiento, es la suprema
realidad, espacio abstracto que solo se expresa como movimiento abstracto
absoluto, felicidad sin límites, omnisciencia
total. El Absoluto es Luz increada y plenitud perfecta, felicidad
absoluta, vida libre en su movimiento, vida sin condiciones sin limites.
Tenemos que terminar el proceso del yo para
tener derecho a SER absolutamente. En su forma más sutilmente refinada, el yo
se transforma en un niño peligroso. El yo de muchos maestros nirvánicos nos
tienta diciéndonos: "Abandona el duro camino y ven al nirvana nosotros
somos felices". Compadecidos de nuestro dolor nos tientan con la dicha nirvánica.
El yo de los Ángeles, Arcángeles, Serafines, Potestades, Virtudes, Tronos, y
jerarquías de diferentes esplendores, siempre tiene el aspecto inocente de
niños llenos de belleza, ese yo divino codicia grados, iniciaciones, poderes,
títulos divinos, majestades nirvánicas y divinos señoríos. El yo divino es el
mismo yo hombre, totalmente refinado. ¡Escuchadme! Hombres y Dioses.
¡Escuchadme! ¡Oh! Ángeles del nirvana. ¡Escuchadme! Dioses planetarios, seres
felices, divinos nirvanis, ¡escuchadme! Nosotros decimos: El sendero largo y
amargo del deber que nos lleva directo al Absoluto es mejor que la dicha
nirvánica. Los que seguimos la senda del deber no queremos apartarnos de esa
senda. ¡Hay! De aquellos que se apartan de la dura senda, quedarán enredados entre
el karma de los mundos. Nosotros los que amamos mucho a la humanidad decimos:
mientras haya una sola lágrima en los ojos humanos, mientras haya un solo
corazón doliente, nos negamos a aceptar la felicidad.
En lugar de codiciar grados, poderes
iniciaciones y señoríos divinos debemos esforzarnos en ser hombres útiles a la
humanidad doliente.
Debemos esforzarnos en la ley del gran
servicio. Debemos buscar el trabajo fecundo en la Gran Obra del PADRE. Debemos
buscar los medios para ser cada vez más y más útiles a la pobre humanidad
doliente. Esto es mejor que codiciar títulos internos, iniciaciones, grados
esotéricos y reinos planetarios.
La personalidad, la individualidad y el yo, son
las duras cadenas que nos amarran a la dura roca del dolor y de la amargura.
Los Dioses y los hombres están sometidos al dolor de la vida condicionada.
En el Absoluto pasamos más allá del karma y de
los Dioses; más allá de la ley. La mente y la conciencia individual sólo sirven
para mortificarnos la vida. En el Absoluto no tenemos mente ni conciencia
individual. Allí somos el Ser incondicionado, libre y absolutamente feliz. El
Absoluto es vida libre en su movimiento, sin condiciones, sin limitaciones, sin
el mortificante temor de la ley, vida más allá del espíritu y de la materia,
más allá del karma y del dolor, más allá del pensamiento, del verbo y del acto,
más allá del silencio y del sonido, más allá de las formas.
El Absoluto es espacio abstracto absoluto,
movimiento abstracto absoluto; libertad absoluta, sin condiciones, sin
reservas. Omnisciencia absoluta y felicidad absoluta.
Tenemos que acabar con el proceso del yo para
entrar en el Absoluto. El yo humano debe entrar a la casa de los muertos. Debe
ir a la fosa común de los despojos astrales. Debe desintegrarse en el abismo,
para que nazca el Ser lleno de majestad y poder.
El yo de muchos maestros goza con sus poderes y
señoríos; se auto declara divino y se reviste de majestad y belleza inefables.
El yo de muchos maestros se desnuda como la mujer ramera para mostrar sus
formas y sus poderes a los demás, goza contando sus visiones para que otros lo
admiren y veneren, habla de sus iniciaciones y cuenta sus cosas secretas, es
como el avaro que vive contando su dinero, es como el bribón que vive lleno de
orgullo hablando constantemente de su linaje azul y de sus grandes capitales.
¡Escuchadme! Hombres y Dioses, las iniciaciones
son despertares de la conciencia, asuntos íntimos de la conciencia; aprendamos
a callar, a ser humildes, a ser modestos. La auténtica evolución está en la
conciencia, no en el yo. El yo no evoluciona, se complica, eso es todo. La
conciencia mineral evoluciona cuando despierta como conciencia vegetal. Cada
átomo mineral es el cuerpo físico de una criatura elemental llena de belleza;
estos elementales minerales tienen lenguaje, su conciencia y se agrupan en
tribus o familias; parecen niños inocentes.
Sobre la escala mineral está el reino sublime
de los vegetales. La conciencia vegetal evoluciona también hasta despertar como
conciencia animal. Cada planta es el cuerpo de un niño elemental que aspira a
entrar en el reino animal. La conciencia animal evoluciona también hasta
despertar como conciencia humana. Mucho más tarde el hombre despierta como
Ángel, Arcángel, etc.
El yo es tan solo una larva, es la misma larva
del umbral, que se va complicando cada vez más y más, el yo es la bestia
interna, que controla los cuatro cuerpos (físico, Etérico, astral y mental),
así está constituido ese monstruo llamado "Personalidad".
El yo de muchos maestros ya no quiere
posiciones políticas, pero quiere posiciones espirituales, goza como líder y
pelea por altas posiciones jerárquicas dentro de escuelas, logias y movimientos
espirituales. Tenemos que acabar con el proceso del yo y con la personalidad
para tener derecho a Ser. Tenemos que acabar con la individualidad para tener
derecho a recibir la Corona de Justicia.
Sólo la vida impersonal y el Ser, nos pueden
dar la legitima felicidad de la gran vida libre en su movimiento.