CAPITULO 34
EL GUARDIÁN DEL UMBRAL
El guardián del umbral es el yo humano que más
tarde se metamorfosea en yo Angélico divino. Después de la muerte el Ser
abandona los cuerpos astral y mental siguiendo el curso de su evolución
interna; así el Ser se sumerge dichoso entre el infinito estrellado;
Desgraciadamente en el umbral del misterio el guardián del umbral permanece, ese
es el yo. Cuando el Ser regresa para entrar en una nueva matriz, el yo viene
entonces a constituir nuestro cuerpo lunar o astral inferior.
Al reencarnar, el Ser se envuelve en nuevo
cuerpo mental, en nuevo astral, en nuevo etérico y en un nuevo cuerpo físico;
estos cuatro cuerpos forman una nueva personalidad inocente; Desgraciadamente
el yo se va apoderando poco a poco de esta nueva personalidad hasta controlarla
totalmente.
El SER es puro, el yo es una larva horrible; el
SER es transparente como el cristal, el yo es monstruoso como satán; el SER no
se ofende por nada. El yo se ofende por todo. El SER es indiferente ante el
placer y el dolor, ante la alabanza y el vituperio. Ante el triunfo y la
derrota. El yo se ofende por todo; Sufre y llora, goza y busca placeres. El yo
siempre busca seguridad: el Ser nunca tiene miedo y por ello no busca
seguridades. El yo tiene miedo a la vida, miedo a la muerte, miedo al hambre,
miedo a la miseria, etc. Los hombres se explotan por miedo, van a la guerra por
miedo, roban y acumulan por miedo, matan por miedo, se arman por miedo.
El ser está más allá de los deseos, más allá de
los apegos, mas allá de las apetencias y temores, más allá de la muerte y del
intelecto, más allá de la voluntad humana, más allá de la inteligencia; el Ser
es el Árbol de la Vida.
El yo se vuelve intelectual y sufre por sus
apegos y temores, por sus celos y pasiones, por sus egoísmos y por sus odios.
(No confundamos al yo con el YO SOY de que nos habla Jesús. El yo es la larva
del umbral; El YO SOY es la Corona de la Vida, la Corona resplandeciente del
Ser). El yo habla de honores, busca satisfacciones, está sujeto al gusto y al
disgusto; toda imperfección en nosotros es del horrible yo. El Ser está más
allá del gusto, del disgusto, del placer, del dolor, del intelecto y de la
razón. Hay que matar al yo para que nazca el Ser. El yo goza exhibiendo
poderes. Desdichado el iniciado que se mete ha hacerle profecías a la gente,
morirán asesinados por no saber callar. El clarividente no debe meterse en la
vida ajena porque puede ser asesinado. Conforme el Kundalini va subiendo por la
médula espinal, va muriendo el yo y naciendo el Ser.
Cada una de las 33 vértebras espinales exige
ciertas virtudes, esto significa muerte de determinados defectos en cada
vértebra, así el Ser va naciendo en cada vértebra. Así el yo va muriendo en
cada vértebra, poco a poco. En cada iniciación nace algo en nosotros, en cada
iniciación muere algo en nosotros.
A la iniciación se le llama nacimiento. No se
puedo nacer sin morir, no se puede nacer sin el sexo, el que quiera nacer tiene
que entrar en el vientre de una mujer, y sólo así se tiene derecho a nacer.
El solo conocimiento del proceso del yo, no
sirve para acabar con el yo. El Ser no puede nacer sin el fuego y el fuego no
puede despertar sin el sexo. El yo solo muere bajo el filo de la espada
flamígera, esa espada es el Kundalini, y sólo despierta practicando magia
sexual con la mujer.
Tenemos que matar al yo con la espada terrible
de la justicia cósmica. Solo así, muriendo el yo puede expresarse a través dé
nosotros la majestad de Dios. La espada de justicia es el Kundalini, vamos a
despertar el Kundalini con la mujer.