CAPITULO 3
El que quiere entrar en los grandes misterios
debe abandonar el intelecto-animal. El intelecto es luciférico y demoníaco. Los
grandes maestros tienen mente de niño. Debemos vivir en mucho temor y temblor
de Dios. Debemos acabar con el orgullo intelectual.
Debemos tener mente simple y sencillamente
infantil. No debemos esconder el delito.
A veces los discípulos nos remiten cartas
exigiéndonos que le dominemos la mente a tal o cual mujer, dizque para traerla
al buen camino. Así esconden su lujuria entre el incienso de la oración.
Así quieren engañar a los hermanos mayores
exigiéndonos trabajos de magia negra. Nadie puede coaccionar la mente ajena
porque eso es un delito. Hay que respetar la libertad ajena. Aclaremos este
capitulo diciendo que por tres puertas se entra al abismo: Ira, Codicia y
Lujuria". La ira se disfraza de juez. La codicia se esconde entre los
buenos propósitos. La lujuria suele ponerse túnica mística.
Las hermanitas espiritualistas se sientan en
las piernas de los devotos del sendero. Los hermanos del sendero toman el pretexto
de la inocencia para besarse y abrazarse con las hermanas de la Luz.
Así es como entre el incienso de la oración
también se esconde el delito. Otro grave delito es el de la ingratitud. A un
perro se le da pan y agradece, pero los hermanos de las escuelas
espiritualistas no agradecen. Si un legitimo maestro los enseña, lo único que
recoge como pago son persecuciones, odios y calumnias.
Conocimos a un hermano espiritualista, que
cuando se hallaba con hambre y sin trabajo, encontraba siempre alguna alma
caritativa que le daba pan y abrigo y más tarde cuando ya conseguía trabajo,
entonces no tenia inconveniente en volverse contra sus caritativos servidores.
A veces los calumniaba públicamente, o los atacaba. Así pagaba ese hermano con
la moneda de la ingratitud.
Sin embargo para su delito encontraba siempre
una disculpa filosófica. Cínicamente decía: yo nada le debo a nadie, la vida es
la que da todo y mis caritativos servidores son únicamente instrumentos de la
gran vida, a ellos nada les debo.
Otros abandonan a su misma madre, a su anciano
padre, diciendo: todos los seres son mi familia, mis padres no me
importan, yo soy rebelde, etc. Así es
como esconden el delito entre el incienso de la oración.
Hay quienes abandonan a su mujer y a sus pobres
hijos dizque para seguir la vida espiritual. Así es como esos malvados caen en
el abismo de la magia negra. Otros quieren unir miembros de todas las
organizaciones, dizque para formar la gran fraternidad universal. Estos monopolizadores
de escuelas son verdaderos mercaderes de almas.
Por lo común se deja crecer el cabello y la
barba, hasta se las echan de Jesucristos, como aquel tal Ferriere de la orden
tenebrosa del acuarius. Ellos predican la variedad dentro de la unidad.
Su astucia es tan fina, que suelen colocarse
hábilmente en el centro cono unidades vivas; como Jesucristos en persona. Con
el pretexto de unir todas las escuelas, credos y religiones, seducen a los
incautos. En presencia de estos tenebrosos hay que vigilar mejor los
portamonedas.
Los bandidos de la orden de acuarius han
conseguido muchas fincas raíces en toda la América, con el pretexto de hacer
asrhams, colegios Iniciáticos, etc. No faltan pobres campesinos fanatizados;
estos parroquianos entregan sus tierras a los tenebrosos del acuarius.
Hoy Reynaud de la Ferriere puede vivir
tranquilo en Paris gozando de su mistificarte renta.
Ahora los tenebrosos andan de brazo con los
curas romanos.
Los misioneros de ese horrible negocio, andan con
la camisa por fuera de los pantalones, y en lugar de usar zapatos usan
pantuflas.
Todos ellos aspiran a dejarse crecer la barba.
Cuando ya reciben el derecho de no rasurarse, entonces se las echan de getules,
gurús, y hermanos mayores. Por ahí anda un tal Estrada, que se hace pasar por
San Pedro y los tenebrosos del acuarius le besan hasta los pies; ¡que sucios
son esos bribones!
Los Gnósticos no pueden sentarse en la mesa de
los Ángeles y en la mesa de los demonios al mismo tiempo; tenemos que definimos.
El que quiera entrar al Edem, tiene que entrar
por la misma puerta por donde salimos, esa puerta es el sexo. No existe otra
puerta, por donde salimos tenemos que entrar.
Todas las escuelas espiritualistas que
actualmente existen en el mundo son del abismo. Los mariposeadores de escuelas
son las rameras del espiritualismo.
En cierta ocasión visitamos un templo
espiritista; un demonio penetró en el
cuerpo de un médium y se hizo pasar por Jesucristo.
Habló lleno de dulzura, y todos los asistentes
llenos de terrible fanatismo lo adoraban. Eso es el espiritismo; ésa es la
magia negra; ese es el abismo. Nos da dolor decir esto pero es la verdad, no
podemos tener complacencias con el delito. Todas las escuelas, organizaciones y
ordenes espiritualistas de este siglo son del abismo.
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